La Güera Rodríguez

Modificado 12 diciembre 2007

Ensayo sobre “La Güera Rodríguez” de Artemio del Valle Arizpe

Por Sharon De Estefanía 

Dicen que “todos tenemos cola que nos pisen” y tienen la razón. Sea por mentirillas o por secretillos, sea como sea la humanidad siempre camina en aguas turbias que por arribita se ven muy limpias pero una vez escarbando salen todas las porquerías y la suciedad. Y este libro describe muy bien todas esas “suciedades”. Me refiero a que en este mundo (y más en México) impera la ley del grande sobre el pequeño, del “valiente” sobre el débil, del poderoso sobre el “don nadie”, pero también es cierto eso de “nadie sabe para quien trabaja” y otra frase muy populachera que reza “dormir con el enemigo” y para eso la mujer mexicana se pinta sola. Tal vez son cosas que vienen desde el inconsciente, es decir que las mujeres estamos programadas para escuchar confidencias y luego utilizarlas a nuestro favor, después de todo uno siempre puede depender de alguien mas.

De “la Güera” una mujer puede aprender muchas cosas, “a parar la oreja y a no abrir la boca” al menos no hasta que el momento preciso llegue. Lo que muchos de los hombres no entienden es que el mundo le pertenece a las mujeres, por que siempre son los débiles ante los encantos seductores de una “dama” como lo fue María Ignacia Rodríguez de Velasco y Osorio Barba, y lo peor es que ellos no “paran” la oreja ni mantienen la boca cerrada, despilfarran enormes oportunidades diciendo cosas a destiempo y a oídos hipócritas. No es que Ignacia haya sido hipócrita, más bien era calculadora, algo que a lo mejor ya venia en su naturaleza o que a lo mejor se fue formando con la pérdida de sus marido, ella no fue una viuda negra mas bien fue una viuda alegre. No alegre en el sentido de que no se comportara como dama, sino en el sentido de que supo aprovechar oportunidades que nadie mas veía aunque estuvieran pisando sus talones.

Algo que admiro de esa mujer tan entregada y luchona es que supo mantener la cordura, supo decir las cosas en el momento y la forma, frente al público que necesitaba, sí, toda una actriz atrayendo y embrujando, toda una torera “calentado” los ánimos, no existen muchas mujeres como ella en la historia, ni de México ni del mundo. Después de todo ¿qué decir de Nacha Rodríguez? El tiempo se seguirá encargando de hacerle justicia, de decir las cosas, de “destapar” las coladeras sucias de la iglesia (y la política) en México, uff y hasta de América Latina; para los que tienen la mente abierta no hay límites ni horizontes, el camino no se acaba. Ha pasado poco tiempo y todavía falta valorarla más, analizar más sus movimientos y no precisamente los de su cadera, que al parecer llamaban mucho la atención, no, analizar y considerar sus pensamientos, y si todas las mujeres fueran mandadas a la Santa Inquisición, muchas cantarían muchas cosas de asuntos actuales.  Mandar a Martha Sahagún o a Rosario Robles, cuanta suciedad, cuanta inmundicia, ¡cuanta falta nos hace la Inquisición (aunque no sea Santa) estos días!

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