Cat Power México 2008

Modificado 07 Mayo 2008

Las primeras veces para cualquier cosa siempre son las más importantes y por lo mismo las inolvidables.
En mi haber hay muy pocos conciertos pero sustanciosos, KISS en 1999 con su Psycho Circus y Coldplay en 2003 con A Rush of Blood to the Head; sin embargo este fue mi primer concierto sola, Cat Power y la Jukebox.

Me puse las botas altas para aparentar aunque sea 5 cm mas de estatura, aunque sabía de antemano que me cansaría de llevarlas puestas tan solo en el trayecto, aun así me arriesgué. Nunca había caminado a las 8 de la noche frente al Auditorio Nacional y en esta particular noche de Mayo el clima fue propicio y la vista de nubes anaranjadas entre edificios con luces artificiales fue notablemente inspirador y bohemio, me declaro romántica empedernida y que?

Ya dentro del Lunario, un lugar íntimo, traté de anticiparme a una masa extraña para mi, caras que sentía familiares pero no lo eran, voces que me recordaban otros tiempo u otros lugares, alturas, gestos, miradas. Y afortunadamente encontré un hueco en el que estaría las siguientes 4 horas, de pie.

Ir solo a este tipo de eventos es extraño, oyes voces y ninguna es la tuya, puedes escuchar la charla absurda de los tórtolos a tu lado, los sarcasmos y estupideces del grupito de amigos al frente y la charla “fumanda” de las chicas al otro lado. Durante la espera uno aguanta tantas cosas: las botas comenzaban a lastimarme, ya tenía sed pero no llevaba suficiente dinero para una bebida, la tipa de la parejita quería abrirse paso poco a poco empujando, el chico de adelante olía a pañal de bebé y las platicas a tu alrededor no coinciden con tu forma de pensar, aun así solo volteas los ojos esperando al ídolo que haga olvidar tantos menesteres.

Y los segundo pasan y pasan y se convierten en minutos que pasan y pasan, el calor se hace insoportable y solo empiezas a pensar en empujar de una vez por todas a las tipa que no deja de molestar y quitarte las botas extrañando los vans que dejaste bajo la cama. Pero de pronto toda la espera vale la pena. La banda sale al escenario y todos los instrumentos que contemplaste durante dos horas por fin serán utilizados por esas manos expertas.

Entre luces moradas sale ella, tan linda, tan implacable, tan delgada, tal como la viste en cientos de fotos en revistas, en los videos de youtube y en su perfil de myspace y todo se vuelve felicidad y emoción al escuchar las primeras notas de “metal heart”. El tipo de adelante deja de oler a pañal, ya no escuchas murmullos sino el coro de los fans cantando a todo pulmón, aunque la pareja de a lado sigue estorbando un poco.

Ver a ese gato moverse por el escenario es en verdad un ritual, todos sacan sus celulares para adquirir imágenes de por vida mientras en el escenario todos estos gatos tocan las notas de Ramblin’ (wo)man, New York, Naked if I want to…

Ella muy pro, haciendo suyo al público y al escenario, sin importar el boicot en su contra, por mas que sus blancas y finas manos pedían mas volumen del micrófono solo se escuchaba finamente su de por si dulce voz. Aun mal de la garganta se entregó como toda una mujer a sus fans mexicanos. De pronto se baja del escenario, solo quedan el tecladista y el guitarrista, y recuerdas el dolor de los pies, el olor a pañal y los empujones de la vecina.

Pero Charlyn Marshall vuelve con más ímpetu que antes, las luces vuelven a su danza cambiante de azul a verde y de amarillo a morado, pero por dentro el ansia de saber que esto está por terminar, pero no importa, está cantando las mejores: where is my love?, sea of love, pero el verdadero clímax es esa canción que todos (incluyéndote) pedían, THE GREATEST y es que en efecto Chan es la más grande, la mejor.

Después baja el tono, te pide silencio, te da las gracias, se esfuerza por hablar tu idioma y baja la luz azul del reflector para interpretar Angelitos Negros de Roberta Flack, sabes que esto por lo que tanto esperaste se ha terminado.

Lamentablemente fuiste de los muchos que no obtuvo ni flores ni canciones, o quizá fuiste de los pocos afortunados que esbozan una sonrisa por que en sus manos llevas el objeto del deseo, una parte de la artista, de la diva.
Sales del establecimiento, feliz por la experiencia de haber visto a Cat Power, las canciones que te han inspirdo estos ultimos meses o años. Y comienzas a hacer de tus imágenes recuerdos duraderos: de cuando entró al escenario ataviada de claveles blancos y recordaste en zuzurros la primera lírica que escuchaste de ella, ya fuera en una película, en un video, en un disco, en el iPod de un amigo. De cuando señaló con su índice el micrófono e hizo una mueca de enfado; de cuando tomó el celular de un fan y cantó al amig@ que escuchaba al otro extremo de la línea y pensaste “¡wow! que suerte”. De cuando se acostó en el escenario exhausta de tanto esfuerzo físico y mental. De cuando cantó directo a tu cámara o viéndote a los ojos haciéndote sentir un escalofrío que solo una gran persona puede ocasionar. De cuando peatchó una canción hecha bolita. De todo el tiempo que duró la despedida dejándote con la certeza de que el que mucho se despide, pocas ganas tiene de irse.

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