Un Paseo Por…

Modificado 07 Mayo 2008

Un camino por la historia de México se puede hacer de varias maneras, caminando por las calles del Centro Histórico o por las de algunos barrios y colonias con impacto ancestral como Coyoacán por ejemplo; leyendo alguno de los numerosos libros que hablan de pasajes desde las antiguas civilizaciones como la azteca o con los libros que hablan sobre la colonización o de la Independencia y la Revolución; visitando (por qué no?) museos, plazas o centros turísticos, y aun hay más. Pero nada sorprende tanto como ver la historia de México más allá de las imágenes y los recuerdos como a través del cine.
No es secreto que a mí el cine me apasiona, por que junta lo mejor de las artes: el teatro, la música, la literatura y la fotografía. Esta última es sin duda un arte en el que se necesita pasión por la belleza y carácter de realizador, y Gabriel Figueroa lo consiguió a lo largo de su vida colaborando con otros grandes de la industria de los sueños para fabricar cortometrajes, largometrajes y documentales.

Se puede apreciar la historia de México, el placer de sus platillos, la alegría de sus tradiciones, la humildad de su gente y el amor a la patria, gracias a las mágicas fotografías fijas de Figueroa y a los detalles que procuró para la filmaciôn de sus propias obras más tarde.

Este cine fotógrafo pudo retratar no solo imágenes de su tiempo, también personalidades fueron inmortalizadas a través de su lente, Andrea Palma, Dolores del Río, María Félix, Pedro Armendáriz, incluso su colega Emilio Fernández, Diego Rivera uno de sus inspiradores, Silvia Pinal, Claudio Brooks, entre otros tantos grandes del cine de oro nacional y la época posterior.

No solo es maravilloso ver la evolución del cine y la tecnología, también lo es percatarse del desarrollo económico y político del país; aun lo es mas observar cómo la sociedad en permanente cambio asimila de manera distinta la belleza de la juventud y los estándares que requiere, así podemos ver formas y ojos como los de Dolores del Río en comparación de años con las curvas y los rasgos de Silvia Pinal, el tiempo no se detiene y la cultura y la avidez cambian, de igual forma lo hace el autor, de fotografías bellos y sobrios paisajes mexicanos se catapulta a la psicodélica de los años 70’s, así es el cine, así es la historia, así es el ser humano.

Cambios extraños que enaltecieron el trabajo de este mago de la cámara, que logró trabajar con Emilio Fernández de igual manera con Luis Buñuel o con John Houston hacia el final de su vida y obra.

Un aplauso de pie para este hombre capaz de forjar en sus ojos y en sus manos imágenes que representan la cultura mexicana y la cambiante voz de reclamo de las sociedades del mundo.

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