Espartaco (Los Gladiadores) de Arthur Koestler

Por Sharon de Estefanía

Dedicado a mi papá DGV

 

Lo cierto de las novelas históricas es que por más que uno quiera no se apetece  separar lo que pudiera ser ficción de los que sencillamente no lo es, eso es lo que sucede con Espartaco y con todas las novelas históricas. Hay una corriente que dice que las novelas históricas son una contradicción por que una novela no puede contener historia y una historia no puede contar ficción, o más bien no la puede mezclar, finalmente tenemos un producto que comercialmente funciona, sirve y además tiene éxito.

Espartaco tiene eso precisamente, el mismo autor lo dijo, se desconoce lo que en realidad pasó parcialmente y por lo tanto los autores se deben tomar licencias poéticas y nihilistas que les permitan terminar la historia ficticia sin dañar los resultados de los acontecimientos reales. Pero también es preciso lo que llama la atención, el no saber como lector hasta donde puedes involucrar lo real de lo falso mientras vas leyendo.

Más que una aventura de gladiadores veo en Espartaco el análisis de un momento de la antigua Roma en la que un imperio es puesto en jaque, pero que se repite una y otra vez incluso en nuestros tiempos, los imperios han cambiado de modalidad, ahora son empresas trasnacionales, son gobiernos primer mundistas y religiones nuevas que llevan una nueva cultura del pensamiento. Poner en aprietos a estás empresas no es tarea fácil de emprender, ni en ese momento ni ahora, las condiciones en las que se da una revolución son siempre distintas y son pequeñas cosas que parecieran no tener conexión y terminan siendo los hilos delgados que movieron los pensamientos, acciones e ideas de ambas partes de la revolución, los que se levantan y los que esperan ser atacados. Pero también es la historia de sociedades que se agrupan para un cometido y que buscan que los guíen a lograrlo, es cuando aparece la figura de Espartaco.  “Solo los estúpidos arrogantes se preocupan por el mañana” dice una de las frases del libro sin embargo todo el libro es precisamente eso, una sociedad que se preocupa por su mañana porque tienen miedo a no llegar a ese momento, Espartaco no inició la Revolución sin embargo fue empujado a liderarla y llevarla a su fin sin ni siquiera ser cuestionado por lo que quería, en ese punto me identifico con Espartaco, la gente (incluso gente importante de Roma) vio en él una oportunidad o una amenaza según su lado y Espartaco acepto como un ladrón que acepta una condena, el narrador dice que Espartaco cambió se convirtió en alguien que no era, en un líder que tenía la vida de millones de personas en sus manos aunque jamás lo haya buscado y toda esa carga que quizás no estaba destinado a tomar lo condujo a un final que solo fue prolongado, se podría decir que cambió una batalla por otra y no por eso dejo de pelear. Podría ser también la historia de muchos que son llevados por senderos que no estaban contemplados en sus planes, pero bien dice una frase “si quieres hacer reír a Dios, cuéntale tus planes”. Bien, Dios sigue riéndose.

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