Del Spaghetti a la Tortilla

Últimamente todo da vueltas alrededor del bicentenario de la
independencia y centenario de la revolución mexicana, y por este motivo se ha
soltado la rienda a un sinfín de eventos unos pequeños y casi no publicados y
otros mas grandes con toda estructura y ornamenta tipo la tercera línea del metrobús
(que a más de uno nos ha sacado de quicio) o las mega exposiciones magnas que
cada museo a organizado en son de tan dicha fiesta patria, obviamente
dividiéndola en sus dos vertientes es decir por una parte el bicentenario y por
otra el centenario. Y claro ya dividas también están las formas de expresión
porque si bien mencioné las desdichadas obras de las cuales estamos hasta
malhumorados por toda la carga vehicular pero también están otras tantas como
la danza, la escultura, la pintura, el formato de montaje (luz, sonido, video,
etc.), los conciertos musicales en diferentes formatos y por supuesto dos de
mis consentidas la fotografía y el cine.

Es muy difícil poder hablar de épocas como el 1810 o 1910
donde básicamente ni la fotografía ni el cine existían ya sea de manera total o
de manera como lo que hoy podemos decir cine claramente o fotografía. En el
caso de la independencia la documentación corre más a cargo de la pintura y la
escritura y en el caso de la revolución podemos salvar un poco el lado de la
fotografía (aunque aún era un arte reprimido y hasta expiado por muchos
retratistas ya que lo consideraban un aviso al buen arte de la pintura) y el
cine (que no se dio en México hasta poco después sin embargo uno de los
primeros géneros es el cine documental y en eso podemos basar ciertos tramos de
documentación de la vida revolucionaria en el México de principios del siglo
XX. Pero no solo eso sino que además la revolución (sobre todo la mexicana por
motivos de tiempo y espacio) sirven como inspiración política, artística,
cultural y humana a un sinfín de personas que apoyados de su estilo y de su muy
particular visión plasman las historias lejanas en espacio aunque no tanto en
tiempo y las dibujan, enredan, agreden, glorían y modifican (según sus
necesidades) para convertirlas en historias para ser contadas a un público diferente
al de que lo vive o vivió.

La exposición de Cine y Revolución en el Antiguo Colegio de
San Ildefonso es eso, la muestra de lo que la revolución causó en la sangre
propia pero también en la piel de los demás (y los demás me refiero a otros
países) que entusiasmados por la idea de la tierra es de quien la trabaja se
volvieron a ver la reconstrucción constitucional de un pueblo naciente, el
resto como dicen es historia.

La época de oro del cine mexicano mostraba mucho este
concepto de la imagen del ídolo revolucionario (de bigote poblado, mirada
regia, armado, sobrero de charro y tequila en mano para clamar el frío y las
penas), siempre con su “maría” dejando lo que conoce y ama para cumplir con el
deber (moral y hasta machista) de luchar por su pueblo y por su patria de manos
extranjeras o incluso de abusivas manos internas que no siguen los mismos
ideales. Y vemos la misma historia una y otra vez de diferentes maneras, pero
la lente de esos grandes cineastas nos hacen percibirlas con nuevos paisajes y
nuevas formas y los actores iconisados hasta la muerte pueden reinterpretarse a
si mismos una y otra vez sin caer en lo que poco después se llamaría cliché,
todo lo contrario los papeles se vuelven hipnotizantes al paso de cumplir con expectativas
extranjeras y es donde empieza la visualización sobre todo gringa y europea de
lo que fue nuestra revolución, siendo catalogada como western (es decir del
oeste, el viejo osete o de vaqueros)

En este aspecto nos dice Raffaele Moro que las historias que
se cuentan e las películas italianas sobre la revolución mexicana viene a ser
un compendio iconoclasta de lo que los italianos hubiesen querido vivir en
aquel tiempo, una lucha armada en contra de un gobierno autoritario y un
extranjerismo que en cualquier momento podría acabar con el inicio de la nación.
No deja de ser visto el spaghetti western como un cine (por de más europeo) de  apoyo moral con tintes políticos y hermandad
cultural. No en una muestra clara del movimiento como modelo o como escenario  sino más bien como un anuncio, una
notificación de que se puede llegar a… si se tiene definido el por qué.

Y así es como Bernd Hausberger pone en la mira la ideología
de la lucha armada como verdadero símbolo de alianza cultural con países que
también ponen a merced de la cámara cinematográfica la vida de personajes como
Pancho Villa y Zapata vía cine alemán que no deja de ser un western mucho más
apegado y obvio para los estándares que durante los años 30’s, 40’s y 50’s
marcó Hollywood (un muy joven Hollywood pero que ya daba muestras de lo que
sería una gran empresa del entretenimiento).  Las tipografías se construyen y se amoldan
para 1. Llamar la atención de un público ávido de aventuras, 2. Utilizar un
escenario por demás obvio (el antigüo oeste en el sur del estado de california
encontrado a merced de unos nuevos ricos queriendo construir baños para la
gente bien del lugar, por casualidades a la huída de Edison y su liga ‘cobra
impuestos’) y 3. El abuso de la lucha y el dolor de un pueblo caricaturizado
hasta el cansancio y transgredido históricamente por sucesos fallidos en manos
de villanos y canallas mexicanos y héroes (casi canonizados) gringos.

Poniendo en contra parte la manera del cine en cuanto a la
revolución mexicana la lente (y mirada) europeas suenan aun mucho mejor que las
falsedades gringas, aun hoy en día nuestros Pancho Villas han pasado por
diversos actores desde Antonio Banderas hasta Anthony Quinn, pasando por una
infinidad de actores en su mayoría extranjeros. Muy ad*hoc con todo este
escenario se estrena (con fondos culturales dedicados al cine centenario del
gobierno mexicano) una película que estuvo enlatada (en idea y no en grabación)
por 30 años, de Felipe Cazals “Chicogrande” poniendo en las botas de Pancho
Villa a Damián Alcázar dos personajes del cine mexicano que no nos han
defraudado y que no pueden ser ridiculizados por la mirada (siempre crítica y
casi nunca acertada) extranjera.

Cine Y Revolución

Antiguo Colegio de San Ildefonso

Justo Sierra No. 16 Centro Histórico

Martes: entrada libre hasta las 7 pm

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