Kishio Murata: un japonés en México

La exposición del Museo Dolores Olmedo que ya finalizó me sorprendió mucho, no por que hayan nutrido sus paredes de una obra tan preciosa como la de Murata sino por dar a conocerla a la plebe en la cual, me incluyo.
Esta vez, sin botas pero bien acompañada por mi madre fui a el museo que se ha convertido en mi favorito, al menos en la ciudad de México. La razón ya la he discutido varias veces en este blog… que como se han dado cuenta no es el mismo del todo. Había pensado ya desde hace un tiempo trasladarme a otro blog, pero ahora todos estamos saturados, prácticamente cualquiera puede abrir un blog… la mayoría sin ninguna secuencia ni calidad, yo me he esforzado en brindarles algo que leer con sentido y claridad, y al parecer ha funcionado y eso me enorgullece.
Bueno, les decía que wordpress me ha brindado una nueva casa virtual y eso me agrada, además de que quienes tengan la vieja dirección URL pueden ser direccionados a esta nueva sin complicaciones, aún me falta talachearle pero, esperemos que en un proceso corto de tiempo podamos hacer de este espacio un nuevo hogar.
Fuera de dramas, mi primer blog aquí será precisamente una vertiente y dos temas, Kishio por un lado y el arte abstracto por el otro. Y ¿por qué el arte abstracto? Vaya! ¿por qué no? Al parecer es el escaparate perfecto para quienes tienen una desbordante imaginación, tanto para crearlo como para interpretarlo y es mucho de lo que pudimos ver en esta exposición de la casa de Diego y Frida (que por cierto ahora tenemos ambas caras en los billetes de 500 pesos, quitando por un lado a Ignacio Zaragoza y por el otro a la catedral de Puebla). Entonces lo primero aquí sería definir ¿qué es el arte abstracto? Aunque al principio surgió (como casi todo lo que surge) como una “nueva” manera de hacer arte, ya saben, algunos que pensaron que por fin habían encontrado el hilo negro de la interpretación de la pintura como arte. Wasily Kandinsky fue el encargado de empezar con todo este movimiento pero no en su natal Rusia sino en Alemania entre 1910 y 1921, obviamente como pasa con todos los nuevos movimientos hubo quienes se opusieron rotundamente y quienes apoyaron con uñas y dientes la postura de que el arte debía ser menos apegado a lo natural ante los ojos de los creadores y no diseños impuestos por las viejas escuelas. Como haciendo notar que los enfoques de artistas que seguían pintando rostros estaban muy pero muy caducos.
En realidad viéndolo desde un ángulo duro históricamente, ya hacía falta un nuevo comienzo del arte, un nuevo enfoque y el abstracto vino a cumplir con muchas de las ideas socioculturales de principios de siglo XX (aunque sigue basándose por mucho en su antecesor directo, el surrealismo). Y así es como los puntos, las líneas, los espacios y los planos sugieren una nueva dimensión y perspectiva cuadro por cuadro, pero no a través de un modelo sino a través de la imaginación y explosión de cada artista (y claro, de cada espectador).
Kishio Murata fue uno de estos artistas que decidieron hacer suyo el reto del arte abstracto, nacido en Japón dedicó su vida artística al entendimiento y enseñanza del arte abstracto. Sus obras llenas de color y realizadas con planos muy complejos, pero que no dejan de emanar belleza.
Estamos hablando que para México Kishio fue una inspiración fascinante con todas sus exposiciones tanto individuales como colectivas, desde 1964 que llegó al país invitado por el Dr. Álvaro Carrillo Gil. Aunque Murata obviamente expuso en todo el mundo, incluyendo su natal Japón, Estados Unidos y otros. La inspiración de sus obras puede ir desde lo corpóreo hasta lo lírico y musical, entre las obras que se presentaron en el museo Olmedo estaban Paisaje de otoño, El mar y Construyendo una fantasía, El perenne palpitar bajo las agua, Arrullos en la intimidad, Una promesa, Templo japonés, Mariposa, Un pensamiento, Viento paseante, todas bellamente compuestas, cada uno con un sentir. De pronto cuando estás inmerso no necesitas leer el nombre de la obra, eso no importa, importa lo que en ella quieras encontrar, y de toda su transmisión estés dispuesto a recibir. Así son estás obras, un misterio expuesto dispuesto a ser descifrado.
Como siempre el museo Dolores Olmedo sorprende y agradecemos no solo la información, el gusto de la colección sino también el placer de sus instalaciones, y la museografía siempre es más que un delicioso placer pasar horas ahí.

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